Cafemi es una cafetería ubicada en el tradicional barrio de Analco

9 Marzo 2018

Ofrece sus servicios al público desde hace un año con fondos del programa Hecho por Mujeres que, desde su lanzamiento ha impulsado a más de un centenar de microempresas creadas por tapatías. Su nacimiento es producto de una casualidad, pero también del esfuerzo y la perseverancia de cuatro jefas de familia.

Fue precisamente en 2016, con el programa social recién lanzado, que las mujeres que hoy componen Cafemi, se embarcaron en la aventura de emprender algo por sí mismas. Fueron parte de la segunda generación del diplomado, en el que se capacitaron en temas como desarrollo empresarial, desarrollo humano, planes de negocio y planes de inversión.

Sin embargo, en ese entonces aún no se conocían; trabajaban en otros proyectos que se disolvieron por diversas circunstancias. Mientras que Sandra impulsaba una empresa que se dedicaría a la organización de eventos, Alejandra, Leticia y Areli tenían el plan de abrir una mercería. Ideas de negocio muy diferentes que terminaron uniendo fuerzas. El equipo de la mercería se desintegró, Sandra se dio cuenta de que la organización de eventos no sería rentable para ella. Entonces, decidió cambiar el plan.

Primero invitó a Areli, una mujer pensionada y contadora de profesión que fue su compañera en el diplomado. “Le dije yo tengo este proyecto, se me vino a la cabeza poner una cafetería donde venga la gente a reunirse, a trabajar, y que se sientan en un ambiente cómodo”. La familia de Sandra había tenido negocios de fuentes de sodas y su hermana trabajaba en un café. Además, veía un área de oportunidad en la atención que no brindaban otras cafeterías. “Cuando estábamos trabajando nuestro proyecto nos reuníamos en cafeterías y no nos daban el servicio que queríamos (…) les dije de esas fallas de las otras cafeterías vamos haciéndolo”.

Después Areli invitó a Leticia y Alejandra, dos de sus compañeras en el proyecto de la mercería. Así se formó la sociedad que los últimos días de 2016, puso manos a la obra para preparar el nuevo proyecto que se entregaría al comité evaluador para su consideración en mayo del año siguiente. Se presentaron, se constituyeron como sociedad, y en junio del 2017, aún sin el capital semilla, la cafetería ya estaba abierta. “No tardamos mucho en integrar el proyecto y hacer nuestro plan de negocio, ya traíamos la idea en la cabeza”. Dos meses después, recibieron los cien mil pesos por parte del programa para iniciar su negocio.

En ese transcurso, fueron apoyadas por personas solidarias que también creyeron en Cafemi. Sandra dice que han sido bendiciones. El Padre Lolo por ejemplo, presbítero de la Parroquia de San José de Analco, les consiguió una máquina de café con una comadre suya que había cerrado su cafetería en Ameca. “Nosotras platicamos con ella, le dijimos, estamos emprendiendo una cafetería y el padre Lolo nos platicó que tenía la maquinaria, a ver si nos la podría vender”. La señora se las llevó al día siguiente y esperó dos meses a que se la pagaran. Además, les regaló toda la cristalería que tienen ahora. La mayoría de los muebles, les fueron regalados por la dueña de la cafetería donde trabajaba su hermana. Estaban en buen estado, y ya no los usaban. La dueña no reparó en cederlos.

Desde entonces el camino no ha sido fácil, asegura Sandra pero tampoco imposible. Como en todas las sociedades, ha habido fracturas al interior del grupo. Antes eran siete, tres compañeras se salieron; una por enfermedad, otras dos por desacuerdos. “Creo que ahorita las sobrevivientes que estamos hemos sido muy guerreras, hemos estado apunto de tirar la toalla, no digo que no”, recuerda. La cocina es uno de los principales retos que tienen actualmente, es por eso que han pedido una extensión del apoyo de Hecho por Mujeres con el objetivo de ampliarla.

La perseverancia y una buena administración son dos de las claves para emprender un negocio, señala Sandra: “hay días buenos y dias malos, si los días buenos no cuidamos los recursos para enfrentar las temporadas bajas que todos los negocios tienen, no vamos a lograr el objetivo”. Ella y el equipo de Cafemi esperan pronto ver las ganancias de su negocio, pues aún se encuentran en el período de inversión.

El primer paso ya está dado: han pasado de ser emprendedoras a ser empresarias, ahora tienen un sueño materializado que tienen que cuidar, llamado Cafemi Analco S.A. de C.V. “Aquí llegamos sin nada, Dios quiera y nos vayamos con mucho porque el que no arriesga no gana. Lo único que tenemos que aportar es nuestro trabajo, lo demás ya nos lo dio el gobierno”, reflexiona.