Jessica Cortés. Cuentacuentos y nuestra tapatía destacada

7 Febrero 2018

A través del cuento, Jessica Cortés busca estimular la imaginación de los más chicos y los más grandes —dos grupos con vulnerabilidades similares— para hacerlos viajar a otros lugares y conocer nuevas sensaciones. La narración escénica usa recursos como el cuerpo, las palabras y la música para contar relatos. El cuentacuentos, debido precisamente a que trabaja con el cuento, se enfoca en la narración escénica para niños y, en este caso, también para adultos mayores.

“Cuando llegas y les muestras que hay otras posibilidades dentro de una historia, algo se queda; sin llegar a aleccionar, toman lo que ellos necesitan en ese momento. Esa es la maravilla del cuento”, menciona Jessica. Actriz de formación, en 2006, un año después de egresar del Instituto Nacional de Bellas Artes, comenzó a contar cuentos en fiestas infantiles. “Éramos las payasitas psicodélicas. En lugar de hacer el espectáculo clásico del clown (una técnica teatral en la que el payaso no habla y se traslada al mundo del actor), lo llevábamos a la narración y contábamos relatos mágicos para los niños”.

Desde entonces ha colaborado con colectivos, organizaciones civiles, instituciones públicas y otras empresas en su labor como narradora, y lo ha llevado más allá de su mera forma estética; a otra frontera que busca incidir de forma positiva en el espacio social: al teatro aplicado. Un compromiso artístico que Jessica asume y justifica. “Soy hija del hambre, de la pobreza. Soy hija de dos comerciantes que con trabajo terminaron la primaria, soy hija del alcoholismo y la drogadicción, y el arte se convirtió en mi refugio”.

Su inquietud artística comenzó desde que era una niña gracias a la influencia de su abuela materna, que era cantante. “Cuando yo tenía tres años lo primero que vi en la televisión fue el ballet (…) ella me llevaba a escuchar a la Filarmónica, conocí el Degollado, el Cabañas”. A los 17 años, ingresó al Centro de Desarrollo Artístico CEDART de la entonces CONACULTA, donde descubrió su vocación por el teatro; el híbrido de todas las artes. “Quería que el teatro se transformara en el refugio de los niños, en su espacio de libertad (…) como los adultos tienen problemas los niños también tienen problemas y están cargando los problemas de los adultos. Ellos no entienden y sin embargo los sienten y los cargan en los golpes, en los gritos, en la desesperanza de los padres”.

En febrero de 2011, Jessica iba rumbo a su trabajo en Trompo Mágico, donde se desempeñaba como tallerista y cuentacuentos desde hacía tres años, cuando sufrió un accidente: su auto voló y sufrió un derrame cerebral. Se lesionó el lóbulo temporal izquierdo, una parte del cerebro que se ocupa de varia funciones, entre ellas, el lenguaje.  Tras un año en recuperación, Jessica descubrió que el arte también no sólo es su refugio, también es su cura, y combinando la rehabilitación física con el teatro, salió adelante en un año. Esto la motivó a dar clases de teatro y contar cuentos a discapacitados.

En 2013 falleció su abuelo paterno, al cual sólo conoció cuando era niña. “No tuve la fortuna de que me contara sus historias, y en las historias está parte de mi identidad. En el derrame hubo una pérdida de memoria, y yo quería recuperar mi identidad por medio de sus historias”. Lo vio en el hospital, cuando él estaba terapia intensiva y murió unos días después, llevándose sus anécdotas.

Ese día, cuando iba en el camión, Jessica tuvo un sueño. Su abuelo, joven, estaba en una reunión en un salón con paredes de terciopelo. “Yo le decía, “José, ¿qué estás haciendo aquí si tú estás muerto?” Me tomaba la mano y me decía “no estoy muerto, eso creen. Yo estoy de fiesta”. Le dije “José, ya no me contaste tus historias” y me contestó, “tú las vas a descubrir””. Entonces comenzó a trabajar con adultos mayores en situación de abandono utilizando el teatro como terapia para darles una vejez digna y activa. “También para trabajar con viejos tienes que ser un niño”, comenta. “Comienzas a ser honesto como lo son los niños y espontáneo. El viejo está contigo porque (ellos) han vivido tanto, que es lo que más valoran en la vida”, explica.

Hace cinco años, fundó Cuentacuentos Gdl (https://www.facebook.com/cuentosgdl), una agrupación cultural que genera contenidos a través de distintas disciplinas artísticas. Participó junto a la cantante Leiden en más de 20 presentaciones dentro de distintas colonias de la ciudad, como parte de la segunda edición del Festival Sucede que tuvo lugar en 2017. “El arte llega a despertar conciencias, el arte transgrede. Entonces tiene que llegar a sacudir; es una herramienta de activismo sutil y estético”.